UNA VISITA AL PALACIO DEL CONDE LUNA

martes, 26 de enero de 2010

El visitante que entra al Palacio Conde Luna lo hace a través de la fachada gótica de piedra que da acceso a la planta baja del denominado cuerpo gótico. En las investigaciones arqueológicas se descubrió que esta sala estaba dividida originalmente en dos ámbitos separados por un muro. El de mayores dimensiones y próximo a la puerta, funcionaría como el centro distribuidor de las diferentes partes del palacio: una puerta, hoy tapiada, daría acceso a la zona norte mientras que otra comunicaría con la parte sur, la zona restaurada del palacio. Ambas partes del palacio están estructuradas por sendos patios que actúan de espacios distribuidores de las diferentes dependencias. La estancia que nos ocupa estaba pavimentada con un empedrado en espiga de sencillo diseño. El espacio más pequeño hubo de servir de cocina como nos demuestra la gran chimenea situada en el muro occidental. Este sala conserva parte de su techumbre de madera original, de finales del s.XIV y comienzos del s.XV.





La puerta abierta en el muro meridional da acceso al patio, en origen abierto y hoy cubierto con una estructura de acero y cristal que, además de cumplir con su misión de cerramiento actúa como un elemento escultórico. La vieja estructura de madera del patio, debido al paso del tiempo, ya no ofrecía las garantías mínimas de estabilidad y se decidió su desmontado. Se han respetado las proporciones y las alturas de la anterior estructura y se han sustituido los soportes de madera por otros de acero.




La escalera del patio desemboca en la primera planta del edificio, la denominada planta noble. A través de una galería abierta hacia el oeste, el visitante accede a la llamada sala gótica, en la planta superior del cuerpo gótico. En esta sala, la más noble y lujosa de todo el palacio, se celebrarían recepciones y festejos. De hecho, en estos salones se conmemoraría la gesta de D. Suero de Quiñones, defensor del "Paso Honroso". Esta sala se calentaba con una chimenea situada en el muro occidental, aprovechando el mismo tiro que la de la cocina. A su lado, en el muro norte, se encuentra el hueco de una escalera de caracol que daría acceso, quizás, a una tribuna. Al igual que la estancia inferior, la sala gótica conserva la techumbre de alfarjes original. Las tabicas muestran los motivos heráldicos de los Quiñones y los Toledo, promotores de la primera fase constructiva del palacio. Una de las puertas de este salón, situada en el muro meridional, conserva un dintel con decoración de yeserías, las únicas encontradas in situ de todo el palacio.


Atravesando el cuerpo central, el más transformado en la época contemporánea, se accede a una galería abierta en el ángulo suroccidental del recinto amurallado, donde se pueden observar los restos del cubo que estaba situado en este lugar. En este ángulo existió una antigua torre romana cuya morfología la asemeja con la torre cuadrada que se conserva en el ángulo suroriental del recinto, la Torre de los Ponce. Esta antigua torre de la muralla y el adarve quedaron integrados en el nuevo palacio como un espacio de paseo, quizás un solarium, aprovechando su buena orientación hacia el mediodía y hacia poniente.



A continuación, el visitante accede a los espacios de la fase renacentista. La diáfana sala del primer piso de la torre fue utilizada como salón de baile a finales del s.XIX. En su interior se unen los espacios del antecuerpo y del torreón creando una sala única, cuya estructura aparece sustentada por un gran arco diafragma. El ventanal abierto en su muro norte comunicaba este espacio con la gran fachada renacentista. Este piso de la torre renacentista se encontraba en muy mal estado de conservación, debido a unos hundimientos producidos en los años setenta del s.XX y que provocaron el derrumbe del techo de esta sala. Tampoco se encontró una escalera que diera acceso al piso superior. la escalera de caracol actual, intenta ocupar el mínimo espacio en planta y a su vez funcionar como un elemento escultórico integrado en el espacio. El ático al que accedemos a través de la escalera proporciona vistas de la ciudad hacia el norte y hacia el este.



El elemento de comunicación situado en la zona más meridonal del palacio lleva al visitante a la planta baja de la torre renacentista, un espacio que funcíonó como bodega en el palacio original. Al igual que en la primera planta se unen los espacios del antecuerpo y el torreón propiamente dicho creando una sala diáfana, estructurada a través de tres arcos diafragma. En el pavimento de esta sala una línea nos indica los límites originales de la antigua muralla romana.





Estos espacios de la torre renacentista han sido cedidos a la Universidad de Washington mientras que el resto del edificio será utilizado para realizar exposiciones temporales.




En la rehabilitación de este edificio han participado Melquíades Ranilla y Mariano Díez Sáez de Miera (Directores de obra), Fernando Miguel Hernández y Victorino García Marcos (Arqueólogos municipales) y el Excmo. Ayuntamiento de León.

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